Violeta se fue a Europa por una temporada, ahora difunde el son jarocho en Francia

Violeta Cristina Jarero Castillo, originaria de Guadalajara, Jalisco, vive en Toulouse, al sur de Francia, a donde llegó por un temporada hace alrededor de 10 años para aprender el idioma, no tenía pensado quedarse pero el destino la instaló en Europa.
En México, en su tierra natal tocaba son jarocho que ahora difunde en Francia, aunque no sólo el son jarocho, sino también de tierra caliente, esta es una historia de una mexicana en extranjero.
“Me gusta mucho el son jarocho y por eso desde hace varios años, como 14, 15 años que he estado aprendiendo esta música pero desde Guadalajara”.
En ese lapso viajaba a Tlacotalpan y Santiago Tuxtla, donde se quedaba por temporadas para aprender el son. Una de las tradiciones que le llamó más la atención fue La Rama.
Violeta, hizo la carrera de Sociología en Estudios Latinoamericanos y después estudió lo que más le gusta, la música y cursó Músicas Mediterránea de Tradición Oral, en el Conservatorio de Guadajara, ahora toca el son jarocho en Francia.
“ Como que no fue una idea de voy a llevar el son a ningún lado, es algo que es parte de mí, que me interesa mucho porque me interesa la poesía que lleva del saber popular y para mí siempre ha sido como una cuestión de resistencia cultural”.
Al llevar la música con ella buscó y conoció a otras personas y armaban ritmos con coladores de cocina y cajones ya que apenas se empezaban a hacer de sus instrumentos.
Violeta organizó talleres gratuitos en su casa para transmitir sus conocimientos, para compartir el fandango, (Entra música) le costó años pero su esfuerzo rindió frutos y lograron hacer el fandango en Francia.
“Yo estuve organizando talleres gratis en mi casa que la gente terminó por llamarle la casa del pueblo, vivíamos con estas otras personas que también tocan son jarocho y todo mundo tenía jarana y se fue haciendo como un círculo”.
Al dar clases de jarana y zapateado, al escuchar la poesía del son, concluyó que la letra es machista y cambió algunas de ellas.
“Así haciendo contacto y yo mismo dando clases de jarana, de zapateado, un poco la versada, que para cambiarle de pronto algunas letras, me parece que son muy machistas o darle el sentido de una mujer cantándole a un hombre”.
En su círculo había personas de otras naciones desde franceses, españoles y guatemaltecos pero la música los unió.
“Antes hace años, todavía se podía tocar en la calle en Toulouse, eso permitió que nos encontraramos muchos, así que compartíamos un poco de la música tradicional de cada quien”.
En 2014 organizó un festival donde participaron sociólogos, investigadores y músicos para demostrar lo que es un fandango.
“Y también organicé una vez un festival en el 2014, vino Rubio Oceguera, Rafael Figueroa, Christian Reinaudo que es un sociólogo de la Universidad de Paris y de la Casa Universitaria Franca Mexicana, con unas subvenciones pudimos traer a estos investigadores y músicos y fomentar un poco más, quería que la gente se diera cuenta del ambiente que genera un fandango”.
Al principio no sabían bailar el son, pero si conocían la salsa y la cumbia, lo que costó aprender bailar zapateado a pesar de que les gustaba la música no lograban aprenderlo, con los talleres que impartió, logró que asimilaran el ritmo.
Una vez que enseñó las bases, en su casa, donde daba los talleres, que al final le llamaron la casa del pueblo, armaron el fandango y llegó gran variedad de instrumentos.
“Yo me obstinaba en organizar fandangos que la verdad no eran fandangos, pero en mi casa, nuestra casa, la casa del pueblo, decía se hacía un fandango y venían todos, el que tocaba afrocubano, el que tocaba joropo, oxitán que es la música tradicional del sur de Francia”.
Su esfuerzo rindió frutos, con su compañero, un chico francés que toca la leona, formó el grupo La Polvadera, (instrumento de cuatro cuerdas que hace la función de bajo en el son jarocho), y grabaron discos y videos. que se encuentran en YouTube.
Con Ignacio Reyes grabaron el album “Olitas vienen, olitas van”, donde también han agregado repertorio chileno, con ritmos argentinos y mexicanos aunque el punto en común son los versos.
Victoria hace artesanías, pero su actividad principal es la música, ahora ha pasado mucho tiempo y ha echado raíces en Toulouse, pero de regresar a México por el momento esto es lo que piensa.
“Donde voy a vivir, “sabes es algo muy difícil de prever porque nada es eterno y todo cambia, todo se mueve y hay que fluir con el movimiento, regresar a México, definitivamente no me lo planteó, he estado tratando de regresar, la situación está muy compleja en México, muy difícil en Guadalajara, está muy difícil, más a nivel narco”.
Esta es una historia de una mexicana que difunde y pone en alto la música jarocha en Europa y el mundo.
Fuente: XEU noticias